FARO DE ORTIGUERA

Quiero volver.
Yo también quiero volver a verlos a todos.
Papá y su bonita manía de contarnos historias como a niños que no han crecido, como años que no han pasado. Abrazar a mamá sin miedo en los ojos, apagar el ruido aterrador de ahí fuera y decirle que todo va a salir bien. Volver a reírme a carcajadas con las bromas de mi hermano y soñar todo aquello que se acabará cumpliendo. Amigos en la distancia con sangre de familia, por los que nunca pasa el tiempo pero qué regalo tan grande es disfrutarlo juntos. Saber qué miedos llaman a sus puertas y cerrarlas.
Darle de nuevo a la tecla que reanuda todo y amanecer cada día en uno de mis faros, donde solo se remuevan las ideas en soplos de brisa, los abrazos ya no entiendan de distancias y las mareas traigan consigo un sinfin de libertades.
Cierro los ojos y recuerdo aquel día en el faro de Ortiguera. Sus 10 millas de luz y el punto de encuentro que une los faros vecinos, Tapia y Luarca. Seguro que ellos también se echan de menos pero no dejan de alumbrarse. ¿Y si hiciéramos lo mismo?
No te apagues, no dejes de remar, de mirar hacia adelante y recuerda que un día más es también uno menos para volver a encontrarse. Tu vida y tus sueños siguen necesitando tu luz.
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