FARO FISTERRA

Fisterra.
Fin de la tierra y principio de tantos sueños que, como este, han alzado su bandera mar adentro y sin retorno.
Hace un año nos embarcamos en este viaje y, ¿Quién nos iba a decir que nos encontraríamos con semejante oleaje en alta mar? Hemos aprendido que remar juntos en la misma dirección es el ritmo que nos lleva más lejos, y que no hay mejor impulso para mantenerse a flote que liberarse de los miedos.
La capacidad de reinventarse debería ser el nuevo propósito de año nuevo. Reinventarse es crecer y superarse. Cuánto cambiaría el camino si dejásemos a un lado el porqué y nos empezásemos a preocupar por el cómo… ¿Que cómo salimos de esta? Juntos, eso seguro.
A veces la duda empapa y los soplos de viento confunden el camino, pero el faro, incansable, nos recuerda qué hacemos aquí y de quién aprendimos eso de no rendirnos nunca. Qué paradójico, ¿no? Los romanos creían que este era el punto más occidental de la tierra y que el mundo se acababa aquí: “finis terrae”, “el mar del fin del mundo”. Justo en el mismo punto donde hoy venimos a celebrar que si no luchamos en el aquí y en el ahora, los sueños también empezarán a hundirse y nosotros no sabemos navegar si no es entre ellos.
¿Nos acompañáis?
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