La Torre de Hércules

Castillo defensivo para algunos, faro primitivo para otros. Siempre guía y refugio para quienes nos perdemos entre recuerdos y mar.
Coloco mis sueños sobre la flor de los vientos que antecede al faro, y deseo, más fuerte que nunca, que fuerza y luz dibujen mi camino. A veces las huellas se borran y hay que volver a pisar de nuevo porque los sueños también entienden de oleadas y vientos. Así que, ¿qué mejor que una revolución para dar paso a nuevos comienzos?
La fortaleza reside detrás de todo esto: de las oleadas que empapan, de los vientos que tambalean, de los lugares minísculos que deja la pérdida… ¿Que por qué? Porque la paz no está en la ausencia de ruido, si no en quedarse y aprender nuevas formas de bailar a su son.
¿Me concedes esta lucha? Te aseguro que soy de los que no se rinde.
Y que los destellos de la Torre cada 20 segundos orienten mis pasos, que aunque a veces torpes, son incansables.
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